2016

ANDRÉS BEDOYA - IMPOSIBILIDAD TEMPORAL PASADA




















En su obra, Andrés Bedoya articula distintos modelos arte-históricos, técnicas, temáticas y materiales como si los confrontase. De ese modo, el artista hace converger referencias, procesos y significados que no solo resultan disímiles, sino incluso contrarios entre sí.

Mediante el recurso a la repetición, Bedoya alude al minimalismo; al incorporar transformaciones orgánicas y la descomposición de la materia, hace referencia al arte de proceso; usando técnicas como el bordado y el tejido y aplicaciones metálicas, cita formas de la artesanía. Dicho conjunto de referencias y citas se articula a un uso claramente conceptual de los materiales para abordar temas como la muerte, el paso del tiempo, los cambios del cuerpo y la vida cotidiana.

Bedoya selecciona sus materiales en base a los procesos de extracción, funciones y modo de circulación económica y social que entrañan. Ellos le permiten incorporar alusiones a la metalurgia, la industria ganadera, la agricultura, el sistema bancario y el comercio ambulatorio en su obra.

La articulación de estos distintos referentes da lugar a obras directas y a la par enigmáticas. Cinco naranjas idénticas (2013-2014) está compuesta por 5 naranjas colocadas a intervalos iguales sobre un áspero bloque de madera. El título y la distribución—clásicamente minimalista—enfatizan una repetición que no dialoga con los procesos industriales sino con los agro-industriales. Con el paso del tiempo, las frutas se descomponen, pero sus ritmos de putrefacción se revelan distintos. Cada naranja no solo deja de ser color naranja, sino que pierde su semejanza frente a las otras, semejanza que se ha de recobrar en el estadio final de descomposición.

En Sin título (2016), cientos de tiras de cáscara de naranja insertadas en agujas forman una suerte de manto. Su disposición en hileras sistematiza los desechos del comercio ambulatorio de jugo de naranja, pero el material resiste al orden impuesto con su torsión y su descomposición progresiva — proceso que no puede ser controlado—.

Asimismo, los cuadros con pieles también llevan los modelos formales del minimalismo a un diálogo con el campo antes que con la urbe. Sin título (piel de oveja) (2013) tiene los rasgos generales de un lienzo monocromático. Esta superficie uniforme de color blancuzco es una piel de oveja tensada sobre un bastidor. En este “minimalismo agropecuario” las variantes de la piel quiebran la percepción de la monocromía, algo que se nota especialmente cuando se instalan series de la misma piel. Pero si no hay igualdad y repetición en las superficies, sí la hay en cuanto a su proceso de obtención: la repetición corresponde a la mecanización de los procesos de matanza (granjas fábrica) y a la industria de la curtiembre.

Su reciente serie de esculturas presentadas en la exhibición “El Viaje”, en el Museo de Arte SCAD, hechas de cuero decorado con clavos de bronce hechos a mano, de pelo tejido y de piezas de alambre encadenadas como cota de malla, juegan con la idea de estructura y regularidad, pero la ponen en tensión por medio del montaje. Presentadas a modo de mantos (o mortajas, a decir del artista), los pliegues de las obras rompen la sensación de estructura regular y dan lugar a asociaciones afectivas y corporales, al sugerir cuerpos ausentes, acciones pasadas, memoria y olvido.

Al igual que estas piezas mencionadas, los proyectos recientes de Andrés Bedoya dan cuenta de esa misma sofisticación conceptual que se alía a su sentido de impacto visual.

Max Hernández Calvo